#Opinión BAJO LA ROSA

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BAJO LA ROSA
Por: Jorge A. Rosas.
En la antigua Roma, cuando había una reunión y en la puerta de la entrada se colgaba una rosa, los temas tratados eran confidenciales. (sub rosae).

¿Creencia, fe o fanatismo?
Hace unos días un amigo me preguntaba sobre algunas de las celebraciones religiosas que los católicos y algunos cristianos realizamos por “tradición” en esta época de lo que llamamos Semana Santa y del significado que le damos realmente a ellos en nuestra vida cotidiana.
Sin duda, eso, como siempre lo he dicho parte de una reflexión del sentido de lo religioso con lo que uno ha crecido, pero también ha ido cultivando a lo largo de su vida.
Hablar de religión, de política o de futbol, generalmente siempre conlleva a discusiones sin mayor avance que el punto de partida, porque cada quien defiende sus posturas desde su ideología, su nicho de creencias o su techo intelectual y es rara la vez quien lo hace abierto a escuchar ideas diferentes que puedan nutrir su bagaje personal, al menos, casi siempre en estos temas.
Lo que sí me queda en claro es que curiosamente en los tres temas, como en muchos otros, la mayor parte de seres humanos partimos de la base de la creencia, la fe o el fanatismo.
La creencia surge desde niños, cuando nuestros abuelos o padres nos empiezan a inculcar la ideas con las que ellos han crecido, nos enseñan a ir a la iglesia todos los domingos (o a no ir), a irle a un equipo de futbol al que ellos quieren, a escuchar la música que a ellos les gusta e incluso ahí, en casa, iniciamos nuestros contacto con la política en las pláticas de sobremesa en la que nuestros mayores son quienes nos van poniendo al día de nuestra “realidad” de acuerdo a lo que ellos consideran mejor o peor.
Así crecemos “creyendo” que tal partido, que tal equipo o que tal religión y sus prácticas son las mejores o no son buenas, pero con el paso del tiempo, con estudios, vivencias personales o simplemente por intereses, vamos obteniendo nuestra opinión y convirtiendo esa creencia inculcada en algo que podemos llamar “fe”, porque ya, de manera personal asumimos lo que consideramos mejor para guiar nuestra expresión religiosa, nuestra identidad deportiva o ideología.
Una vez que asumimos y entendemos esa fe, hay un gran riesgo de dar el siguiente paso para llegar a la delgada línea del fanatismo.
Por eso no es raro ver que alguien religioso en extremo de pronto convierte su fe es un recalcitrante fanatismo en la que el sentimiento religioso de otros no es bueno si no cumple con sus paradigmas o sus dogmas; o vemos a un extremista ideológico cuya intolerancia a los demás sustenta su postura partidista o ideológica en descalificaciones sin sustento, o a quienes en medio de su euforia deportiva, no son capaces de entender lo que significa apasionarse por un partido de futbol sin caer en la violencia o sin permitir que su vida gire en torno a su equipo favorito.
Y en los tres casos, lo que marca la pauta para pasar de un punto a otro tiene que ver mucho con la capacidad de raciocinio.
Si bien es cierto la mayoría en este país somos católicos (aunque no se note, México es el segundo país con más católicos en el mundo), también es claro que la mayoría de esos católicos no tenemos ni la más remota educación en la “fe” o en nuestras creencias, y por eso solemos tener aún varias representaciones de fanatismo.
Son pocos los que saben en realidad porqué y cómo se celebran estos días de suma importancia para la religión católica, pero todos por tradición o creencia los hacemos propios, aunque al paso de los años, han ido perdiendo su fin espiritual y se han convertido en una fecha de asueto y turismo religioso.
No entraré en mayor debates en torno a las formas de celebración que cada familia o comunidad realizan, porque para mí la fe, es sin duda un don (no cualquiera la tiene), que debe cultivarse, pero que está por debajo del primer y el mejor regalo que Dios nos dio que es el libre albedrío.
Debatir sobre las celebraciones como las que gran parte del mundo católico estarán viviendo en unos días, no habla más que de esa necesidad que el hombre tiene por el reencuentro con lo divino y su forma de vivirlo, pero sobre todo, de que a 500 años de haber llegado la evangelización a México, aún seguimos sin entender a ciencia cierta lo que representa una religión llena de sincretismo.
Creer es una elección personal, libre, y que va más allá de religiones o expresiones propias de cada cultura o persona.
Contrario a lo que se dice, la fe requiere conocimiento, porque a través de conocer y cuestionar más en lo que de inicio se cree, se cultiva aún más el encuentro con aquello que nos trasciende y lo que no somos capaces de explicar por la simple razón.
Hacer entonces de una celebración religiosa una creencia, un acto de fe o un fanatismo, depende en realidad de la forma en que nosotros vemos nuestro encuentro con lo divino.
jorge.rosas.cuenca@gmail.com
Twitter: @Jorge_RosasC

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