#TALADROLITERARIO ¡GRACIAS  PAPÁ!

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#TALADROLITERARIO
¡GRACIAS PAPÁ!

Por: Eclécticus

Preocupado siempre por llevar el pan a la mesa, papá trabaja casi de sol a sol. Él vela por la seguridad y alimentación de su familia, tanto, que casi siempre se olvida de él mismo.

Su papel a veces es muy ingrato, es el señor del cinturón que aplica el castigo, cuando mamá, cansada y abrumada por el arduo trabajo del hogar y las presiones del aprendizaje y bienestar de los hijos la llevan a dejar la impartición de justicia, al ogro que aparece por las noches, sólo a regañar y en ocasiones, muy a su pesar, dar algún golpe, que casi siempre, le duele más a él, que al chiquillo castigado.

Muy en su interior, guarda ese cariño irrefrenable que lo insta a hacer lo que sea necesario, para el bienestar de los suyos, horas y horas de camino, de aguantar a los jefes intolerantes y abusivos, a compañeros ingratos y a veces hostiles que hacen su labor menos llevadera, al tráfico pesado que lo mantiene fijo y cansado dentro de su vehículo, por mucho tiempo, el cual, le gustaría aprovechar para dedicarlo a su familia y al descanso en su hogar, otras veces, en el transporte público, que además de incómodo, atestado y lento, es peligroso, dados los asaltos a mano armada que han proliferado a últimas fechas y que convierten el salir a trabajar, en una ruleta rusa, que, con gran fortuna, él ha sabido sortear.

Luego, los sábados y domingos, a pesar de su fatiga, los emplea para dar distracción y alegría a su mujer e hijos, sacándolos de paseo, muchas veces, con poco dinero, aun así se las ingenia para no quedarse en casa y que ellos sientan diferencia entre la días laborales y los de asueto, Dios proveerá, se dicen y contentos, conviven con su familia.

Los despidos, accidentes, desavenencias, decepciones, frustraciones, tristezas y todos los tragos amargos de la vida, deben sorberlos solos, los niños no tienen porque enterarse y sufrir por ello, en ocasiones, si es posible, tampoco la esposa se entera y así, lo resuelve y cierra el episodio sin causar preocupaciones ni angustias a los suyos.

Aun así, él es el señor de la cara de enojo, de la expresión adusta que habla poco y casi no está en casa, pero, sin su discreto papel, la familia no sería tan feliz como suele serlo, trabajo ingrato, con poco reconocimiento y muchas lágrimas y sudor derramados.

Un reconocimiento a todos esos jefes de familia que entregan su vida, salud, esfuerzo y bienestar, en aras de la felicidad de los suyos, esos serios sujetos que se derriten de amor por dentro y que lloran a escondidas de emoción, tras cada logro de sus pequeños, para esos, que con manos callosas o pestañas quemadas, regresan a darle un gran abrazo a su esposa y besos tiernos a sus hijos, éste reconocimiento sencillo a su titánica labor y persona.

¡Gracias papá!

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