#TALADROLITERARIO SENDERO FRÍO

#TALADROLITERARIO
SENDERO FRÍO

(Última parte)

Por: Eclécticus

… Aún no los veían, pero sabían a ciencia cierta que iban tras ellos, los lobos pronto aparecerían y en ese momento, la vida de todos estaría en riesgo, sabían de la gran persistencia de los animales, de su incansable manera de perseguir y de su contundente estrategia para acorralar y dar muerte a su presa, por eso, a pesar de la carga, las heridas y el cansancio, continuaron adelante, para ganar distancia y acercarse al desfiladero que antecedía el lugar donde su caverna los resguardaría.
Ese sendero frío de dos metros de ancho que bordeaba la montaña y que por un lado tenía una pared de piedra helada de 15 metros de altura y por el otro, un precipicio de aproximadamente trescientos cincuenta metros de altura. Era el lugar adecuado para defenderse del ataque, dada su estrechez. No podrían rodearlos, ni cabrían más de dos animales juntos sin estorbarse uno al otro, además, sólo tendrían que cuidar su retaguardia, lo que les permitiría seguir avanzando hasta llegar a su hogar, a la protección cálida de su hoguera y un número mayor de defensores y armas que allí guardaban.
Estarían ya a kilómetro y medio del camino salvador, por eso, sin detenerse, continuaron de frente, pero observando constantemente sus alrededores, calculando que en cualquier momento podrían ser emboscados por esas fieras de colmillos letales.
El líder de esos hombres, regresaba constantemente para ver las condiciones de los cazadores que iban en la retaguardia y ayudar si alguno se le veía en muy malas condiciones, por eso era respetado y seguido, pues siempre había demostrado ser el primero en llegar a la pelea y el último en abandonar el campo de batalla, invariablemente solidario, asistiendo y comandando a sus bravos compañeros, nadie discutía ni negaba su liderazgo y puesto al frente de todos.
Los aullidos provenientes de el espeso bosque que los flanqueaba, los hizo detenerse por unos segundos, tratando de ubicar la dirección de su procedencia. La cercanía de los lobos era ya alarmante. Lo cual comprobaron al ver entre la parte baja de los troncos de esos pinos gigantes, multitud de ojos brillantes, que arremolinándose, los observaban. ¡Los lobos habían llegado!
Justamente en ese momento, el terrible jefe de la expedición, se encontraba a la mitad del recorrido de inspección de sus hombres, haciendo alto total, indicó a los demás hacer lo mismo.
Con las lanzas al frente, asidas con ambas manos, fijaron su atención en esas luces demenciales y esos lamentos y aullidos cortos, que presagiaban el infierno que se precipitaba sobre ellos.
De entre los árboles, retador, el macho alfa se adelantó como presentándose desafiante a sus posibles víctimas.
Todos contuvieron la respiración por unos segundos sin darse cuenta. La estampa del animal era impresionante, aterradora. De una alzada inusual, color gris obscuro, cabeza ancha y fauces poderosas y gruesas, colmillos enormes de blancura fantasmal, cuerpo elástico y musculoso en extremo y unos ojos brillantes y penetrantes, que parecían escarbar el alma.
Un ronco gruñido, grave y profundo, emergió de la garganta de la poderosa bestia, como rayo haciendo contacto con la tierra, un estremecimiento, recorrió de pies a cabeza a esos avezados cazadores, que a pesar de haber lidiado con todo tipo de animales salvajes, éste en particular, les hacía esperar lo peor.
Un minuto en el que pareció detenerse todo, fue el preámbulo de lo que se avecinaba.
De manera súbita, el líder de la manada se abalanzó sobre los hombres y tras él, los demás lobos, con intenciones asesinas, los acometieron con furia enloquecedora.
El hombre que ostentaba el liderazgo, se interpuso entre sus hombres y el lobo más cercano que ya saltaba sobre ellos. La lanza certera se incrustó en la garganta del animal que con las fauces abiertas listas para el ataque, no pudo evitar el golpe mortal y tras un corto chillido, cayó agonizante a un costado. El cazador le extrajo la lanza de un poderoso jalón y se aprestó a continuar la defensa.
Entonces, en un alarde de fiereza y poder, el tremendo lobo gris, brincó sobre las cabezas de los sorprendidos hombres y esquivando las lanzadas, mordió por el hombro a uno que quedó a su alcance al descender de ese portentoso salto, el cazador cayó de espaldas y en un giro de su cuerpo, desafiando las leyes físicas, el gran macho, asió por el cuello al caído y lo arrastró metros atrás, al alcance de sus compañeros, que listos, remataban al infortunado. Los gritos desgarradores y agónicos del hombre, taladraban sus oídos, más ya nada pudieron hacer por él, pues si se hubieran separado para auxiliarlo, esto lo hubiesen aprovechado las sagaces criaturas para arrancar del grupo compacto, a cuanto estuviera desbalagado y a merced de ese ataque multitudinario.
Los animales comenzaron a estrechar el cerco, era momento de avanzar blandiendo las lanzas y hacerlos retroceder, esto implicaba, deshacer el núcleo, pero era imperativo tomar el riesgo, ya que los estaban acorralando. Caminando hacia el frente con paso decidido y lanzando golpes con sus lanzas, consiguieron hacerse de espacio, pudiendo herir a varios de los acechadores nocturnos, que al sentirse vulnerados, lanzaban aullidos de dolor y gruñendo su desconcierto, se alejaban de allí, algunos para morir, otros para reponerse y continuar el sitio. En la acometida, quedaron expuestos los miembros inferiores de los hombres, descuido que pagaron con graves y desgarradoras heridas en muslos y pantorrillas. Otro de ellos cayó fuera del círculo y también fue arrastrado a la zona donde los carnívoros lo destrozaron con singular saña.
El líder de los cazadores, atacaba con extraordinaria habilidad y destreza a las fieras, causando estragos entre ellos. El macho alfa, pudo llegar al centro del grupo de hombres, consiguiendo, con base en su ataque furioso y veloz, separar a los expedicionarios, hecho que aprovecharon otros lobos para penetrar también la defensa y poder acabar con otros dos y dejarlos tendidos en la nieve con las gargantas destrozadas, con la tráquea expuesta y el rostro de uno de ellos arrancado cual máscara de un festival de terror.
No obstante, lo frenético del asalto, los cazadores pudieron hacer huir a los lobos al interior del bosque. Aunque fuera por corto tiempo, lo aprovecharían para reorganizarse, recoger las provisiones de los muertos y proseguir la marcha. Todavía, el lobo gris, se detuvo a escasos metros, como queriéndoles hacer saber, que eso aún no acababa, luego, dando media vuelta, desapareció también en la obscuridad.
No había tiempo para recoger a los caídos, tenían que apurar el paso y llegar al desfiladero lo antes posible, así que se pusieron en camino, dejando a sus compañeros sobre la nieve.
El paso era todavía más penoso aún, las heridas de la cacería, aunadas a las de la defensa contra los lobos, los había dejado en condiciones muy precarias, cada paso era un tormento, pero eso no los hizo desistir y prosiguieron.
Sintiendo todo el tiempo que traían a las fieras a su espalda, aceleraron su andar y pudieron entonces ver, a menos de quinientos metros ¡ese sendero que sería su salvación!.
Esa imagen les dio nuevos bríos y en un esfuerzo sobre humano, con la nieve hasta las rodillas, hundiendose a cada paso, se acercaron al lugar anhelado.

Faltaban ya pocos metros. Cuando a sus espaldas, otra vez, escucharon el inconfundible aullido de sus acechadores, éstos ya salían del bosque y se precipitaban rápidamente hacia ellos, devorando metros a cada ágil paso, reduciendo la distancia que los separaba. Por fin llegaron al camino junto a la pared de piedra y ese altísimo abismo que los flanqueaba por su costado izquierdo. Uno por uno, en fila india, fueron avanzando en ese estrecho sendero. El líder de los hombres, junto con otros tres de sus más hábiles compañeros, iban haciendo pasar a los cazadores, mientras que las fieras ya se les venían encima, por fin el último de los que continuarían caminando, logró ocupar su sitio en la procesión, los cuatro valientes esperaron a pie firme la acometida.
Sin frenarse siquiera, dos de los lobos de la vanguardia saltaron sobre los hombres que ya los esperaban. Uno fue atravesado de costado con un ruido seco, perforando la dura piel, rompiendo sus costillas y colapsando los pulmones, el otro por su propio impulso, fue lanzado al abismo y se le vio caer dramáticamente y estrellarse contra las rocas cubiertas de hielo, varios metros abajo.
Los hombres comenzaron a retroceder sin bajar la guardia, los carnívoros, enardecidos y enseñando amenazadores los poderosos colmillos, comenzaron a avanzar lentamente, pues ese camino de muy poca anchura, les impedía rodear a su presa y tenían que ingeniárselas para pasar la defensa cerrada de los hombres, sin embargo, en forma suicida cargaron contra ellos, recibiendo heridas profundas, que en vez de hacerlos huir, los hacía seguir atacando con renovada furia.
En un repentino golpe con las patas de uno de los acosadores dio en el pecho de uno de los hombres que perdió el equilibrio y junto con el lobo que lo acometió, cayó al precipicio con un alarido escalofriante que se fue perdiendo y que fue ocupado por el vago rumor de los cuerpos estrellándose contra las rocas.
En otra arremetida de los lobos, lograron atrapar a uno de los férreos defensores y arrastrándolo hacia los otros ansiosos devoradores de carne, lo desmembraron allí mismo, sin que sus compañeros pudieran hacer más que seguir contraatacando a sus victimarios.
Los dos heroicos cazadores, seguían resistiendo a pesar de la inferioridad en número, retrocediendo, ganaban terreno, acercándose cada vez más al final del desfiladero y a la entrada de su caverna. La gran pared de piedra y hielo iba decreciendo conforme llegaban al final del sendero y en su parte más baja, su medida, no rebasaba el metro de altura.
El enorme lobo gris, se adelantó a sus compañeros, el líder de los cazadores lanzó un golpe con su lanza que el animal pudo esquivar con soberbios reflejos, luego en respuesta y metiéndose entre los cuerpos de los dos hombres, mordió al jefe en un brazo, llegando prácticamente con los dientes hasta el hueso, él en respuesta, lo impactó con el mango de la lanza, dado que por la cercanía del lobo, no pudo utilizar la punta de la misma y solo consiguió hacer que lo soltara, los demás animales, aguardaban el momento preciso para entrar y acabar con la pelea de una vez.
La procesión de los hombres estaba ya a escasos cincuenta metros de llegar al final del estrecho sendero, animados, emitieron gritos de júbilo, que hicieron eco en ese gran valle helado. ¡Estaban a punto de conseguirlo!
La pelea estaba llegando a límites de violencia incalculables, estaban ya en el sitio donde la pared de piedra estaba muy baja y los lobos ya estaban saltando a ella, para alcanzar a los que huían y para rodear a los bravos defensores que ayudaban al milagroso escape.
Los fieros carnívoros ya estaban en ambos lados del camino, unos iban tras los cazadores que llevaban las provisiones, otros ya rodeaban a los dos hombres sangrantes y totalmente exhaustos.
De pronto, un ruido ensordecedor hizo que todos quedaran inmóviles y expectantes. Con el terror reflejado en la mirada, pudieron ver como de la parte alta de la montaña, se comenzaba a deprender una enorme capa de nieve acumulada de las nevadas de semanas anteriores. ¡La enorme avalancha se les venía encima!
El suelo se estremecía al paso de toneladas de nieve cuesta abajo a una velocidad pasmosa, los lobos que estaban a escasos metros de alcanzar a los que huían con su preciada carga, gimieron horrorizados viendo lo que se precipitaba sobre ellos, en segundos, la oleada gigante de nieve que arrasaba árboles rocas y cuanto se le cruzara, alcanzó a los que iban en el sendero, el líder de los cazadores, alcanzó a pegarse al muro que ya no era más alto que la mitad de su cuerpo, gracias a sus prodigiosos reflejos, su compañero no corrió con la misma fortuna y junto con los lobos, cayó de esa pavorosa altura golpeado por la monstruosa avalancha, misma que se llevó a la mitad de los cazadores que ya se aprestaban a defenderse de sus perseguidores, así como a los aterrorizados lobos que estaban a punto de darles alcance, que no atinaron a ponerse a salvo y fueron barridos por la gigante ola de nieve.
Y así como comenzó, terminó, repentina y brutal. Una muestra más del poder de la naturaleza, colocándonos siempre en nuestro justo medio. Un silencio de muerte envolvió el lugar. Al final del camino, a salvo, estaban nueve hombres de pie, estremecidos por la pérdida de sus compañeros y amigos y también, por la forma milagrosa en que habían salvado la vida.
Recorrieron con la mirada el estrecho sendero nevado que habían recorrido, en busca de alguna señal de vida… nada, todo estaba quieto, ni un sonido se escuchaba en ese entorno mortal. Cuando, de pronto, de un montón de nieve a 50 metros de ellos, detectaron cierto movimiento, para luego ver emerger, al legendario hombre que una vez más había derrotado a la muerte.
Se puso de pie cubierto de escarcha y miró a sus hombres con actitud serena, comenzó avanzar hacia a ellos, cuando, a sus espaldas sintió una mirada penetrante que taladraba su nuca… ¡Era el tremendo lobo gris, que cual animal mitológico, había prevalecido a una muerte segura! ¡ y allí estaba… sediento de venganza y aún desafiante!
El hombre se volvió para encarar a ese colosal contrincante. Transcurrieron unos segundos que parecieron eternos en que los dos rivales se miraron fijamente… Luego, como una flecha ¡El enorme lobo se lanzó contra el cazador! Éste, que aún tenía parte de la lanza en su mano derecha, recibió con la punta al fiero animal y se la incrustó justamente en medio de los ojos, sin embargo, por el impulso que llevaba, atropelló al cazador y junto con él, se precipito al abismo y después de una larga y angustiante caída, se estrellaron en las afiladas rocas congeladas del fondo. El formidable cazador quedó totalmente destrozado, su sangre haciendo surcos en la nieve y encima de él, mezclando su vital líquido escarlata, el hermoso ejemplar de lobo, entreverado con el hombre, haciéndose casi uno sólo, yaciendo allí, para siempre, en un abrazo que iría más allá de la vida y los haría ya, inseparables.
Los azorados sobrevivientes, con gran tristeza, quedaron estáticos mirando todavía hacia el sitio donde había caído su líder, luego, lentamente, caminaron hacia su hogar, una gran hoguera, bocas hambrientas y una cálida bienvenida, los aguardaban ya.

FINAL DE SENDERO FRÍO.

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