#TALADROLITERARIO EL BÁLSAMO IV

#TALADROLITERARIO

EL BÁLSAMO

(Episodio 4)

Por: Eclécticus

(Advertencia: Este texto contiene elementos descriptivos de violencia y sexualidad explícita, se recomienda discreción).

Erika en total estado de alarma, se dirigió al lugar donde trabajaba Fernando, llevaba al pobre Toño, abatido en el asiento trasero, la habían llamado de emergencia, le había ocurrido algo grave a su hijo mayor y tenía que llevarlo al hospital, sin embargo, al enterarse que su esposo había acudido a la escuela para llevarse a Adrián, la mujer, inquieta y presintiendo algo terrible, fue en busca de Fernando.
¿Y Adrián? ¿Dónde está? Preguntó Erika alarmada a Fernando que salía del edificio donde trabajaba, como un destacado ingeniero en sistemas, de una importante firma, sin Adrián a su lado.
¿Qué no viene contigo en el taxi? Preguntó el hombre ya inquieto.
¡No, me dijeron en la escuela que habías pasado por él hace unas horas, a Toño le pasó algo horrible y voy camino al hospital, pero no quiero irme sin mi Adrián! ¡No estamos para bromas en éste momento! ¡Ya que salga!
¡¿Qué le pasó a mi hijooo?! La inquirió Fernando.
¡Te platico en el camino! ¡No continúes con tu estúpida broma y haz que venga el niño!
¡Te juro que no bromeo, yo no he salido de aquí en todo el día!
Toño Salió del taxi penosamente maltrecho, el vehículo arrancó y el niño quedó allí de pie, mirando a sus padres. Algo le hizo sentir un alivio y bienestar que pocas veces había experimentado, entonces los escuchó hablar: ¡Mi vida, las horas fueron eternas para volver a tu lado, dile a Adrián que venga, vámonos a comer a un lindo lugar!
¡Si amor, está recogiendo algunas cosas que trajo de la escuela, no tarda!
¡¿Cómo que no has salido?! ¡Si las maestras aseguran que tú…tú…túuuuu! ¡Maldito, tú lo recogiste! ¡Déjate ya de pendejadas y tráelo aquí! ¡¡Yaaa!!
¡No seas necia estúpida! ¡vamos a la escuela por el niño, no hay que perder tiempo! Gritó Fernando fuera de control.
Toño extasiado seguía contemplando la idílica escena.
Amor ¡Tus palabras me incitan a ser tu más fiel servidor! ¡Eso quieres? ¡Eso tendrás! ¡Italiana, Francesa, Japonesa, Mexicana! ¿Qué tipo de comida prefieres?
Se me antoja la Francesa ¿No es parís la ciudad más romántica del mundo? ¡Bueno, pues en éste preciso momento así me haces sentir! ¡Romántica y completamente enamorada! Escuchaba Antonio a sus papás, embelesado y la felicidad lo embargaba al percibir esa hermosa unión y el amor que se prodigaban los seres más importantes de su joven existencia.
¡No seas estúpido! ¡Te estoy diciendo que las maestras me aseguraron que lo recogiste! ¡Es inaudito! ¡Sacar al niño antes! ¿Para qué? ¡Nunca lo habías hecho ! ¡La escuela siempre ha sido lo más importante para ti! ¡Después todo lo demás! ¡Así se los has inculcado toda la vida! ¡¿Y ahora qué desgraciado?! ¡¿Ahora hasta eso vas a cambiar, infeliz?!
¡Imbécil histérica, estoy a punto de romper esa absurda cara tuya! ¡Deja ya de gritar! ¡Yo no tengo al niño! ¡NO LO TENGOOO! ¿Qué está pasando?
Erika sin poder contenerse ya, levantó la mano y en un relampagueante movimiento, cruzó el rostro del alterado hombre.
Por un segundo se quedó inmóvil por la sorpresa y luego, iracundo, contestó con un puñetazo en plena nariz que envió de espaldas semi-nockeada a la pobre joven.
¡Tus caricias son las más tiernas del universo, me transportan a otro mundo! Seguía disfrutando Toño su ensoñación. ¡Déjame seguir sintiendo tus manos maravillosas una y otra vez! Decía Erika a Fernando, que ya la tomaba en un cálido abrazo y en un ademán de bailarín de tango, la reclinaba, sostenida por sus fuertes brazos. ¡Toño tenía el impulso de correr a abrazar a sus padres, pero el sólo pensar en interrumpir su apasionado abrazo lo clavó al piso y casi dejó de respirar para no distraer a los dichosos enamorados!
Erika, sentada en el piso, sangrando de su rota nariz, con los ojos inundados de lágrimas, cegada, tentó el suelo y sintió con sus manos una rama o un trozo de madera de forma alargada que terminaba en punta, lo agarró y trató de incorporarse, volviendo a caer.
¡Lo ves estúpida! ¡Ese es el resultado de no respetar a tu hombre, a tu macho! ¡Pendeja, jamás lo vuelvas a hacer!¡PENDEJA! Sus palabras eran hirientes, irónicas, burlonas, de una prepotencia y despotismo inauditos. La sangre se agolpó en las sienes de la mujer, la furia se apoderó de ella. Un zumbido invadió sus oídos y como un resorte se incorporó y al hacerlo, llevó su brazo directamente hacia el rostro de Fernando ¡Con la rama afilada en él!
Atravesado de lado a lado, con los ojos abiertos como platos, sorprendido e incrédulo, no pudo ya cerrar la boca, pues la rama había penetrado por ella y salido por la nuca, manando por la terrible herida una mezcla de sangre y masa encefálica.
Como fardo se desplomó sobre Erika incrustando la rama saliente de su boca en la cara de la mujer, justamente en la boca, quedando unidos ¡En un indisoluble y macabro beso!
Ella todavía convulsionó, los estertores de muerte ya se hacían presentes.
Toño seguía allí de pie, cuando el abrazo se estrechó aún más ¡Fernando llevó a su hermosa esposa hasta el piso y en un amoroso y tierno beso, se fundió con ella. Ahí permanecieron unidos, sin movimiento, estáticos ¡El beso era largo, muy largo… eterno!
Toño en ese momento, inquieto, caminó hacia la feliz pareja, el beso no terminaba… entonces, ya a centímetros de ellos, a un costado de sus padres, pudo ver como el celestial beso, ¡se transformaba en una escena Dantesca! ¡ horripilante!
Erika y Fernando, sus padres, yacían abrazados en un gran charco de sangre, producto del manantial rojo obscuro que brotaba de ellos, atravesados como mariposas, rostro con rostro en un beso interminable ¡Un interminable beso letal!
Antonio gritó… y su grito hizo eco en los edificios circundantes de esas vacías calles, poco a poco se fue ahogando en su garganta, cayó de rodillas derrotado, una espiral vertiginosa lo comenzó a envolver, acompañada de un agudo zumbido que se hizo constante e insoportable ¡Luego nada! ¡Todo se apagó para él!
Dos seres extraños eran testigos del horrendo acontecimiento. El hombre del ascensor, el seductor, el amante demoniaco de Erika y la enigmática, sensual y obscena amazona sexual que cabalgara a Fernando. Miraban con malicioso morbo yacer en un inmenso charco de sangre a los infortunados esposos, junto a ellos el pobre pequeño, desvanecido, boca abajo, totalmente vencido.
Sonrieron complacidos, se miraron lascivos, se tomaron de las manos, frente a frente y en un beso caliente y frenético, recorriéndose el cuerpo con manos ávidas y lujuriosas, se acariciaron con pasión. Después, de forma inexplicable, se tornaron líquidos, convirtiéndose en agua sucia, lodosa y turbia, para luego, desaparecer en una alcantarilla que tenían a sus pies.

EPÍLOGO

¡Ay Esther! ¡Necesito que me vuelvas a dar el número telefónico de tu amiga la adivina, fíjate que lo perdí, seguramente está por allí, pero mientras son peras o manzanas, lo necesito, me urge! ¡Te comento querida que el bálsamo que me dio, resultó maravilloso, de verdad, increíble! ¡Me fue totalmente útil, diría yo que excedió las expectativas!
¡Claro que sí Fátima hermosa! ¡Aquí en la bolsa lo traigo! ¡Una nunca sabe! ¡Me alegra que te haya funcionado tan bien, te lo dije, ella nunca falla! ¿Oye y que milagrito te concedió? ¿Si se puede saber?
Pues… ¡No te lo voy a decir! ¡Pero ten por seguro que voy a pedir mucho por ti, queridaaa!
¡Ay gracias amiguis, tú siempre tan linda!
¡Nada es demasiado para ti, amiguis! Dijo Fátima al tiempo que sonreía de una manera encantadora.

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